Verso a verso
- Diego Peluffo
- 24 abr 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 26 abr 2020
La verdad trasluce en tus ojos y, verso a verso, le apeteces a mi inspiración. Y por qué no habría de escribirte si basta con leerte, desde afuera hacia dentro, tan lento o tan a prisa: como mi sutileza
convence a tu confianza, como tus ojos lo indiquen, como tu voz lo insinúe, o como tus manos lo adviertan. Y no, no importa el tiempo, y no te confundas: la paciencia no me adorna, es tan sólo el tiempo que es infinito en tu presencia. La belleza te viste y, verso a verso, mis sentimientos se delatan. Tan sólo te escribo, tan sólo te admiro, y, a veces,
tan sólo te observo desde lejos, mientras tu prisa,
o tu cabello recostado sobre tu mejilla,
o tu distracción,
me ocultan de tu mirada.
Y, luego, hago una pausa
para contemplar que ni las prisas de tu rutina apagan la luz de tu mirada. Si confieso, me invadió la duda: tuve miedo de tener, únicamente, palabras torpes que podrían alejarme del camino de tu corazón, o de tu alma, o, al menos, de tu complacencia. Empero, la duda se desvaneció al comprender que todas las palabras serían torpes al escribirte. Conque cada verso es tan sólo una osadía, una confesión desesperada, un sentimiento que se escapa por entre las rendijas de mi corazón en un haz de palabras. Y si ésa es la suerte de estos versos, quizá los escuches de mi voz, o quizá los leas, y, luego, quizá sonrías o tal vez no digas nada.
Por tu parte, consérvate, que yo,
verso a verso,
agradeceré al universo por tu existir. (Dibujo de Catalina González)

(Versión incompleta y editada, ante la pérdida del manuscrito original, aún así espero que les guste)
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